El Evangelio es el poder de Dios para hacer la Palabra producir lo que Ella dice que hará. “Predicad el Evangelio a todo el mundo.” “¿Predicad el Evangelio sólo a la gente blanca o sólo a la
bronceada, amarilla o negra?” “A toda criatura.” ¡Amén!
“A toda criatura.” ¿Creen Uds. que significa eso? Yo vi a Dios un día confundir a un toro. Yo lo vi hacer que las avispas no aguijonearan. Yo lo vi resucitar a una zarigüeya que había
yacido muerta toda la noche. ¡A toda criatura! El Evangelio surtirá efecto sobre todo lo que Uds. pidan.
LAS
CINCO IDENTIFICACIONES DEFINITIVAS DE LA IGLESIA VERDADERA DEL DIOS VIVVIENTE 11/SEPTIEMBRE/1960 P. M.
Dios, el Autor de la creación, muestra Su amor y poder en diferentes
formas y circunstancias.
En el principio cuando Él creó a los animales, la naturaleza de ellos era completamente distinta a lo que fue después de la caída.
Los animales, que en un principio eran mansos y podían convivir el uno con el otro, a partir de la caída cambiaron su naturaleza: de ser dóciles y mansos, se tornaron agresivos y
huidizos.
Pero la Biblia declara que en el Milenio, los animales regresarán a su condición original.
A través de la Biblia y la historia, Dios muestra lo que el Poder de Dios y la predicación del Evangelio pueden hacer incluso en el reino animal.
La Biblia cuenta la historia del profeta Daniel cuando, por causa de mantener firmes sus convicciones en su servicio a Dios fue arrojado a un foso donde mantenían a leones hambrientos, que se
alimentaban, sin duda alguna, de aquellos seres humanos que les arrojaban.
Sin embargo, Daniel, salió ileso de esa situación. ¿Cómo pudo logarlo? A través del poder de Dios y proyectar el amor hacia los leones
Y cuando aquel toro llegó a aproximadamente seis u ocho pies [1.82 metros ó 2.43 metros]
de mí, él tan sólo echó hacia delante sus patas y se detuvo. Y me miró. Él miró en esta dirección, y en aquella dirección, tan agotado, tan sólo se apaciguó, se encaminó y se echó. Yo caminé a seis
pies de ese toro, y él ni siquiera se dio la media vuelta y me miró. Yo salí directamente de la pastura. ¿Qué es eso? Fue el amor de Dios, el poder de Dios. Ud. Dice: “Hermano Branham, yo no creo esa
historia.” Pues, Ud. No tiene que. Pero es cierta. El mismo Dios que pudo cerrar la boca de los leones—en el foso de los leones para Daniel, de cierto puede domar a un toro en unos cuantos minutes
cuando el amor de Dios ha sido proyectado. Entonces cuando yo amo al Señor, y el amor en mi corazón regresa a ese toro, entonces cuando el amor ha llegado a su final, la gracia Divina entra en acción
para tomar el lugar. Aleluya.
AMOR 26/JULIO/1956
Giovanni di Bernardone, mejor conocido como San Francisco de Asís,
nació en el año 1181 y murió en 1226, en su pueblo natal, Asís, Italia.
Es bien conocido por una peculiaridad que él tenía, y era el predicarles a los animales. Para mucha gente esto es motivo hasta de mofa.
Fue canonizado el 16 de julio de 1228, por el papa Gregorio IX.
Aunque la iglesia Católica lo reclama como propio, el Hermano Branham nos revela quién realmente era San Francisco de Asís.
El gran San Francisco de Asís, quien Uds. gente Católica
afirman que era Católico, pero no lo era. El protestó contra la iglesia Católica tan duro como yo lo hago. Pero no había otra iglesia en aquel día, así que ellos lo tomaron y lo llamaron un santo.
Cuando él salió a la calle, para predicar el mismo Evangelio que yo estoy predicando ahora, [El Hermano Branham toca en el púlpito siete veces.-Editor] los pájaros estaban
gorjeando en los árboles. El dijo: “Mis hermanitas, voy a predicar el Evangelio de Jesucristo. Quédense quietas mientras estoy predicando”. Y todo pájaro se calló su
boca.
EL SONIDO INCIERTO 31/JULIO/1955
El mismo Dios
que actuó en la antigüedad, es el mismo Dios que ante las mismas circunstancias, actuará de la misma manera.
En el ministerio de William Branham, Dios también mostró que está interesado en mostrar Su poder y autoridad no sólo en la raza humana, sino también en los animales.
En los años 40’s le valió un artículo en un periódico local, el haber atrapado aun lobo que asediaba a los animales domésticos del área de Henryville, Indiana.
El haber atrapado este lobo fue el resultado de la habilidad que había adquirido durante los años en su trabajo como
guardabosque en el estado de Indiana.
Pero Dios lo llevó a tener experiencias en las que se requería algo más que la habilidad humana para mostrar Su poder y autoridad.
Existe una historia que sucedió en la vida del Hermano Branham en 1945, un año antes de ser comisionado por un Ángel de Dios.
Toro Guernesey
EL TORO ASESINO
Una tarde Bill estaba allá cerca de Henryville, Indiana, soltando algunos peces dentro de un arroyo para el
Departamento de Pesca y Caza. Él estaba cerca de una finca de un amigo suyo que él logró saber que estaba enfermo— así que Bill pensó que sería bueno si se detenía y oraba por el hombre. Siendo que
la finca estaba apenas al otro lado de unos cuantos cercados, Bill no se tomó la molestia de rodear manejando los caminos. Desabrochándose la funda de su pistola, echó el arma en el asiento delantero
de su camioneta, cerró la puerta y saltó el primer cercado, olvidándose que había un letrero en cada esquina del pasto, advirtiendo, “¡PELIGRO! TENGA CUIDADO CON EL TORO.”
Bill tarareaba un himno Cristiano mientras se desplazaba a través del campo cubierto de pasto. A la mitad del pasto estaba una pequeña parcela de robles achaparrados— arbolitos
larguiruchos alcanzando una altura de diez pies [3 metros]. Bill estaba acercándose a estos árboles cuando de pronto un enorme toro se puso en pie y bufó. Había estado echado tranquilamente
en la sombra de las ramas nudosas de roble, fuera del alcance de la vista hasta ese entonces. Bill reconoció su peligro instantáneamente, pues este toro Guernesey[Raza de ganado procedente de la
Isla Guernesey.]en particular tenía una vasta reputación. Había sido un semental de primera categoría en la finca Burk cerca de Jeffersonville, pero siempre había mostrado un temperamento tozudo
y finalmente había corneado a su propio vigilante hasta matarlo, obligando a su dueño a deshacerse de él. Siendo que era un toro de tan primera categoría, Burk se lo había vendido a este hombre aquí
en Henryville, esperando que el campo aislado no le permitiría más oportunidades de perjuicio.
Bill había sabido todo respecto a esto, pero sencillamente se le había escapado de la memoria. Ahora él echó mano desesperadamente de sus oportunidades. Los robles achaparrados eran
demasiado endebles y estaban en la dirección equivocada. El cercado estaba demasiado alejado. Hasta allá había dejado su arma. Él podría haberle disparado al animal, y luego pagarle al campesino por
su pérdida.
El toro asesino agachó la cabeza, bufó y dio patadas con las patas delanteras rascando el suelo. Sus cuernos largos puntiagudos en verdad parecían defensas letales. Bill se buscó el
arma. No estaba allí. Entonces se acordó— ¡había dejado la funda de la pistola en el asiento de la camioneta!
“Pues, Señor— si ha llegado la hora para que yo muera, quiero enfrentarme a él como un hombre.” Él enderezó los hombros y miró tranquilamente a su enemigo. En ese momento, algo
increíble sucedió dentro de él. Su temor se evaporó, reemplazado por un amor nacido de la simpatía y el entendimiento distinto a cualquier cosa que jamás había experimentado antes. Él pensó, “Ese
pobrecito toro estaba echado aquí en el campo y yo fui y lo perturbé. Él no sabe otra cosa que protegerse.”
El toro bufó más intensamente y más rápido. Raspando el suelo con su pezuña, arrojando polvo detrás de él así como lo hacen los toros antes de una embestida. Bill dijo en voz alta,
“Toro, lamento el que te haya perturbado. No deseo que me mates. Soy un siervo de Dios y estoy en camino para orar por un hombre enfermo. Me olvidé de esos letreros.”
El toro embistió, con la cabeza agachada, con sus cuernos curvos apuntados completamente sobre el blanco. Asombrosamente, Bill no sintió absolutamente ningún temor, únicamente amor.
Él dijo, “En el Nombre de Jesucristo, ve y échate debajo de aquellos árboles.”
El toro continuó embistiendo con todo su músculo y furia. Cuando estaba únicamente a diez pies [3 metros] de distancia, echó hacia delante sus patas delanteras y se detuvo
en una nube de polvo. La expresión más extraña cruzó su cara y giró la cabeza hacia la derecha, luego de vuelta hacia la izquierda. Entonces el animal se dio la media vuelta y le mostró a Bill el
rabo. Caminó lentamente de vuelta hacia los robles achaparrados, se echó y observaba mientras Bill caminaba por el resto del camino a través del pasto.
Por el resto del día— y muchos otros días— Bill se maravillaba ante lo que había acontecido en aquel pasto entre él y el toro. En la faz de casi una muerte segura, él había
dado un paso más allá de su propio interés para sentir el latido del corazón de otra vida. De alguna manera había entendido la agitación del toro y había simpatizado con el animal. Como un pastor, él
a menudo hacía esfuerzos para con otros, interesándose y ayudando en todo lo que podía. Pero esta experiencia era algo diferente, algo más profundo. Por unos cuantos minutos en su vida, todo el temor
se había desvanecido y había sentido amor perfecto.*
* Tomado del libro SOBRENATURAL: La Vida de William Branham Libro 2 de Owen Jorgensen
Avispas Calmadas
Una tarde hubo un momento de calma en el desfile de visitantes. Poniéndose rápidamente su ropa de trabajo, Bill se fue deprisa a su patio trasero y arrancó su cortacésped eléctrico. Pronto él estaba cortando una ringlera a través del césped espeso tan rápido como podía empujar su máquina. En el calor del verano, no tomó mucho tiempo para que su camisa estuviese empapada con sudor, de modo que se la quitó de un tirón y la tiró al lado.
Una pajarera estaba en la parte superior de un poste clavado a su cerca
trasera. Bill se olvidó que un enjambre de avispas había construido su avispero dentro de esta pajarera. En su prisa porterminar su césped, él golpeó la podadora de césped contra la cerca lo
suficientemente fuerte para sacudir aquella pajarera. Un montón de avispas salió en enjambre, enojadas y deseando venganza. En unos cuantos segundos lo habían rodeado, dando vueltas en el aire,
algunas de ellas posándose en su piel, listas para clavar profundamente sus aguijones punzantes. Bill sabía que estaba en serias dificultades a causa de que estas tantas avispas podían aguijonear a
un hombre hasta matarlo. Entonces, repentinamente, su temor cambió en amor. Continuando en empujar su cortacéspedes, él dijo, “Pequeñas avispas, me pesa el perturbarles. Sé que ese aguijón es el arma
de Uds. dada por Dios para que se protejan; pero no fue mi intención hacerles daño. Soy un siervo de Dios y tengo que tener este césped podado a fin de poder meterme de vuelta y orar por más de los
hijos de Dios. Así que en el Nombre de Jesucristo, regresen a su avispero. Ya no las molestaré.”
Inmediatamente la nube de avispas se levantó y voló directamente de regreso a su avispero. Bill hizo una pausa para observar con asombro. Esta era la misma cosa que había
experimentado años atrás cuando se había enfrentado con aquel toro asesino. El amor lo llenó cambiando el curso de la naturaleza. No era un amor humano; esto era algo más profundo, más amplio, más
lleno; esto era lo que la Biblia llamaba ágape, o amor Divino, el perfecto amor de Dios expresado a través del hombre. Él se preguntó si esto fue lo que el profeta experimentó
cuando fue arrojado en aquel foso de los leones hambrientos. ¿Fue amor lo que detuvo a los leones de comerse a Daniel? El amor seguramente había cambiado la intención de estas avispas. Él comprendió
que cuando el amor se proyecta, la gracia toma el control.*
* Tomado del libro SOBRENATURAL: La Vida de William Branham Libro 4 de Owen Jorgensen
