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Notas Curiosas

mié

25

nov

2009

2012

Película 2012

NO ES UNA PELÍCULA, ES UNA REALIDAD

 

EL Canal DISCOVERY, hizo un estudio acerca de las películas que se convirtieron en profecías, haciendo una comparación con muchas de estas producciones, que luego de ser filmadas ocurrieron con mucha precisión. Al parecer, hombres son inspirados para recrear anticipadamente eventos o catástrofes futuros. La película 2012 muestra como ocurrirá el hundimiento de California y la destrucción de grandes ciudades en el mundo entero, tal como lo describe la Biblia en el libro de Apocalipsis 16:17

 “Y el séptimo ángel derramó su copa por el aire; y salió una grande voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho es. Entonces fueron hechos relámpagos y voces y truenos; y hubo un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no fue jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra. Y la ciudad grande fue partida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron; y la grande Babilonia vino en memoria delante de Dios, para darle el cáliz del vino del furor de su ira. Y toda isla huyó, y los montes no fueron hallados.”

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dom

11

oct

2009

Aun los Animales Reconocen la Autoridad y el Poder de su Creador - prte.2

LA FIEBRE DE LA ZARIGÜELLA

 

Mientras él hablaba, Bill se fijó que una zarigüeya dio la vuelta en su entrada y se contoneaba por la entrada de autos de grava hacia su casa. Eso era raro. Aunque las zarigüeyas son comunes en el sur de Indiana, ellas rondaban de noche y nunca viajaban durante el día al menos que algo las perturbara. De día ellas están prácticamente ciegas. Así que ¿por qué estaba esta aquí? Las zarigüeyas generalmente huyen de la gente. ¿Podría esta tener rabia? Él la estudió cuidadosamente. Desde una distancia parecía normal. Un poquito más grande que un gato, ella tenía pelaje áspero grisáceo blanco cubriendo su cuerpo, pelaje blanco fino en su cara, un hocico alargado, orejas pequeñas sin pelo, y un rabo sin pelo parecido al de la rata.
   A medida que se acercaba más, Bill se fijó que ella estaba cojeando, arrastrando una pata delantera. Bill se acercó para mirar más de cerca. El animal no se detuvo ante su acercamiento, pero ella estaba cojeando tan  lentamente que Bill podía estudiarla fácilmente.
Una herida terrible desfiguró el costado que había visto desde una distancia. Tal vez un automóvil la había golpeado, o tal vez un perro la había mordido. Cualquier cosa que sucedió, su espaldilla estaba destrozada y sangrante de una herida que se extendía hasta su oreja. La pierna probablemente estaba fracturada. Moscas verdes zumbaban alrededor de la herida abierta y gusanos se arrastraban en la carne herida.
   Usando el mango de un rastrillo, Bill volcó a la zarigüeya sobre su costado a fin de poder ver la magnitud de sus heridas. Normalmente en semejante condición, una zarigüeya caería desmayada y se haría la muerta; pero esta le gruñía y mordía el mango del rastrillo. Allí es cuando Bill vio que ella era una madre tratando de proteger a sus crías. Una zarigüeya, al igual que un canguro, lleva a sus crías en una bolsa a través de su estómago. Esta madre estaba tan débil que los músculos de su estómago no podían mantener cerrada su bolsa. Bill contó ocho crías pequeñitas retorciéndose dentro de la bolsa de ella.
   “Gene, Leo, vengan aquí y les enseñaré una lección. Vean a esta  madre zarigüeya. Ella pudiera ser un animal mudo, pero en mi pensamiento ella es una real dama. Ella tiene más maternidad en ella que una gran cantidad de las mujeres de hoy en día, especialmente aquella que arrojó a su bebé en el río el otro día. Aquella mujer consideraba a su bebé una carga, y lo mató de modo que pudiese andar correteando a las cantinas y pasándosela bien. Ahora consideren a esta madre zarigüeya. A ella le quedan probablemente unas cuantas horas para vivir, y sin embargo ella ha agotado lo último de su fuerza luchando para proteger a sus crías.”
   Tan pronto como Bill dejó de presionar en el mango del rastrillo, la madre zarigüeya se levantó con dificultad y cojeó el resto del camino hacia la casa de Bill, donde se desplomó junto a los escalones del porche.
   La Sra. Wood dijo, “Hermano Branham, Ud. debería matarla y sacarla de su miseria. Ud. tendrá que matar también a esas crías. Ellas están tan pequeñitas, Ud. mismo no podrá alimentarlas.”
   Bill meneó la cabeza. “Hermana Wood, no puedo hacerlo.”
   “¿Por qué?” preguntó ella. “Ud. es un cazador. Ud. ha matado una gran cantidad de piezas de caza.”
   “Sí, soy un cazador, pero sólo mato cosas que me  puedo  comer  o de otro modo usarlo. O algunas ocasiones yo he matado animales que estaban destruyendo a otros animales. Nunca mato tan sólo por estar matando.”
   “Esta no sería una matanza inútil. Esa zarigüeya se va a morir a fin de cuentas, y entonces todas esas crías se morirán de hambre. El matarlos es lo humano que hay que hacer.”
   “Sé que tiene razón, Hermana Wood, pero por alguna razón no puedo resignarme a hacerlo.”
   “Entonces deje que Banks los saque y los mate.”
   “No,” dijo Bill, “Tan sólo vamos a dejarlos allí donde están por ahora.”
   Todo el día aquella madre zarigüeya estuvo tirada junto al porche, cociéndose en el sol de Julio. Todos los que vinieron para entrevistas y para oración se fijaron en ella y le preguntaron respecto a ella. Varias veces durante el día Bill le picaba con una vara para ver si seguía viva. Cada vez ella gruñía, pero fuera de eso no hacía ningún esfuerzo por moverse, ni siquiera cuando Bill puso algo de alimento y agua a su lado. Una vez él derramó agua sobre su herida para ahuyentar las moscas, pero ellas regresaban en enjambre.
   Aquella noche Banks Wood tocó a su puerta y dijo, “Hermano Branham, Ud. ha ministrado suficiente el día de hoy. ¿Por qué no me permite llevarlo de paseo de modo que pueda relajarse un poco?” Bill aceptó encantado.
   Ellos se pasaron las siguientes pocas horas manejando alrededor del campo, admirando los bosques y los maizales, granjas y graneros, todo el tiempo hablando de la bondad de Dios. Cuando Bill regresó a casa a las 11 en punto, él instigó a la zarigüeya para ver si ya estaba muerta. Ella gruñía lastimosamente y temblaba.
   Aquel gemido lo rondó toda la noche. Durante horas él iba y venía por el piso pensando en ella. Más tarde aquel gemido incluso se coló dentro de sus sueños. Temprano a la mañana siguiente él salió a su porche de enfrente para dar un leve empujón con su pie a la zarigüeya una vez más. En esta ocasión su pierna trasera tuvo una contracción nerviosa, pero fuera de eso no se movió. Ni siquiera abrió los ojos. Bill sabía que no pasaría mucho tiempo ahora para que estuviera muerta. Se volvió a meter a su casa y se sentó en su estudio. Frotándose el rostro, pensó, “De una u otra manera voy a tener que hacer algo con esa zarigüeya hoy. ¿Qué debería hacer?”
   De  la  nada,  una  voz  le  dijo,  “Ayer tú la llamaste una dama y la usaste para un sermón. La alabaste por ser una verdadera madre.”
   “Sí, así es,” contestó Bill. “¿Qué de eso?”
   “Ella ha estado echada en tu entrada como  una  dama, esperando  pacientemente su turno para oración.”
   “Pues, yo no lo sabía. Yo—” Bill se puso de pie rígidamente. Su vista miraba alrededor de la habitación mientras se preguntaba, “¿Qué está pasando? ¿Con quién estoy hablando? Yo le estaba contestando a alguien.”
   Él oyó decir a una voz claramente, “Yo la envié a tu casa para oración. Ahora ella ha estado echada junto a tu puerta casi 24 horas y todavía no has orado por ella.”
   Inclinando su rostro, Bill oró, “Amado Dios, ¿fuiste Tú enviándola conmigo? Perdona a Tu siervo tonto por no entender.” Ahora él podía verlo claramente. La zarigüeya sólo pudo haber venido de aquella mancha de bosques como a 150 yardas [137 metros] calle arriba. Para poder llegar a la casa de él, ella primero tuvo que arrastrase más allá de otras cuatro casas, todas más cercanas al camino que la de él, todas sin cerco. El suyo era el único patio a lo largo de esta cuadra que tenía un cerco, no obstante ella había cojeado por su entrada de autos, rehusando detenerse hasta que llegara a su puerta. Dios debía haber estado guiándola.
   Saliendo a grandes pasos, él se paró junto a la madre zarigüeya, alzó sus manos en el aire, y oró, “Padre Celestial, sé que Tú guías a Tus hijos para que se ore por ellos cuando están enfermos. También sé que incluso cuidas de los gorriones.214 Si Tu Espíritu Santo ha guiado a esta animal mudo aquí para que se ore por él, perdóname por ser demasiado tonto para saberlo. Te ruego, Padre Celestial, en el nombre de Jesús, sana a esta madre valerosa.”
   Tan pronto como él mencionó Jesús, aquella madre zarigüeya levantó su cabeza y miró a Bill a los ojos. Un minuto después ella dio una vuelta, recogió a sus crías y los metió de vuelta en su bolsa. Luego se puso sobre sus pies y dio unos cuantos pasos tambaleantes. Con cada paso ella parecía fortalecerse más mientras corría a través de la entrada de autos sin mostrar la más leve pizca de cojera. Cuando llegó a la entrada, se detuvo junto a una de las columnas en forma de águila y miró hacia atrás a Bill, como para decir, “Gracias, amable señor.” Luego dobló a la izquierda y corrió calle arriba, dirigiéndose hacia la seguridad de los bosques.
* Tomado del libro SOBRENATURAL: La Vida de William Branham Libro 5 de Owen Jorgensen

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jue

24

sep

2009

Aun los Animales Reconocen la Autoridad y el Poder de su Creador - prte.1

El Evangelio es el poder de Dios para hacer la Palabra producir lo que Ella dice que hará. “Predicad el Evangelio a todo el mundo.” “¿Predicad el Evangelio sólo a la gente blanca o sólo a la bronceada, amarilla o negra?” “A toda criatura.” ¡Amén!
   “A toda criatura.” ¿Creen Uds. que significa eso? Yo vi a Dios un día confundir a un toro. Yo lo vi hacer que las avispas no aguijonearan. Yo lo vi resucitar a una zarigüeya que había yacido muerta toda la noche. ¡A toda criatura! El Evangelio surtirá efecto sobre todo lo que Uds. pidan.
LAS CINCO IDENTIFICACIONES DEFINITIVAS DE LA IGLESIA VERDADERA DEL DIOS VIVVIENTE   11/SEPTIEMBRE/1960 P. M.

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